Juneia Batista: guerra, mujeres y servicios públicos

Juneia Bastista, presidenta del Comité Mundial de Mujeres de la ISP, señaló que la paz no es simplemente el opuesto de la guerra. La paz es la condición para la existencia de la justicia social. Por eso, reconocemos y afirmamos la importancia y  urgencia, de que la paz sea reconocida cómo un derecho humano.Las mujeres, somos gravemente afectadas en todo el proceso de la guerra. La violencia a nuestros cuerpos, como instrumentos de dominación del enemigo. Nuestra fuerza de trabajo que está destinada a sostener la economia mientras generalmente les toca a los hombres empuñar las armas en el campo de batalla. En la postguerra, nuestra integridade física, emocional y mental, sirve de materia-prima para la reconstrucción de la vida de nuestras comunidades, ya que la división sexual del trabajo pone sobre nuestros hombros la responsabilidad por los cuidados de los sobrevivientes, mutilados psicológica y fisicamente por la violencia de guerra.

En diversos lugares del mundo, las mujeres resisten a la ocupación de los territorios donde viven, y a la ocupación de sus cuerpos que son tratados cómo si fueran territorios.

La guerra destruye las estructuras de los servicios públicos. En todo el mundo, somos las mujeres la mayoría de la fuerza de trabajo de los servicios públicos. Por tanto, la guerra significa la destrucción de nuestros puestos de trabajo y las condiciones de trabajo decente.

No obstante, durante la guerra, los servicios públicos continuan existiendo y funcionando de modo extremamente precário y con demandas más allá de las capacidades de la infraestructura y de mano de obra. Los frentes de cuidados de salud en zonas de conflicto y en los campos de batalla son exemplos de eso, lugares en donde la amenaza a la integridad física y sexual de las trabajadoras es constante.

Parallelamente la destrucción de la infraestructura afecta fuertemente a las mujeres. Considerando nuevamente la división sexual del trabajo, la destrucción de escuelas, hospitales, guarderías, sistemas de agua y saneamiento, calles, carreteras, sistemas de transporte público y otros, implica que las mujeres queden encargadas de los cuidados y de la manutención de la vida en las condiciones más adversas. En ausencia de servicios públicos, somos las mujeres que nos cargamos a la espalda suplantarlos.

Cómo trabajadoras de los servicios públicos, nosotras defendemos los servicios públicos cómo un elemento de justicia social, y promovemos su sensibilidad de género. Entendemos que los servicios públicos son fundamentales para superar la división sexual del trabajo, que aún relega el trabajo de cuidado y de reproducción de la vida a las mujeres: eso impide el pleno ejercício de nuestras capacidades cómo seres humanos, impide nuestro empoderamento económico y dificulta nuestro acceso al espacio público.

Nosotras luchamos por un mundo más justo y por el bienestar colectivo, y tenemos certeza de que eso sólo es posible con la plena participación de las mujeres en todos los espacios.

Por tanto, la defensa de la paz cómo un derecho humano es parte de nuestra agenda sindical, cómo  mujeres sindicalistas de la Internacional de Servicios Públicos.

Nuestro papel, cómo federación sindical internacional para los servicios públicos, es llevar la voz de las trabajadoras de los servicios públicos a este debate, así como también llevar este debate para los países en que estamos presentes, para que consigamos sensibilizar a la sociedad e influenciar a los gobiernos para el reconocimiento de la paz cómo un derecho humano.

Finalmente les dejo una frase de Simone de Beauvoir, invitandoles a una reflexión sobre nuestras posibilidades de acción para la defensa de la paz cómo un derecho humano. 

“Nunca se olvide de que basta una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados. Esos derechos no son permanentes. Usted tendrá que mantenerse vigilante durante toda su vida.”

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